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El quinto ciclo.

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  Hay desiertos que no aparecen en los mapas y durante mucho tiempo habité uno gobernado por el miedo. No sabía que el amor no es un sacrificio, que no es un juego de espejos donde, al amar lo suficiente, el reflejo del otro me confirmaría que yo existía. Estuve atrapada, escuchando murmurar al miedo. Él me decía que cualquier paso que diera afuera de ese desierto me quitaría el reflejo que tanto añoraba. En el silencio perdí mi voz y dejé que hablaran las promesas vacías que auguraban días de cielos en calma. No comprendía que esas promesas y juramentos se transforman en un peso muerto en vida. Ahí, encerrada en ese silencio, poco a poco me convertía en una estatua, en una reliquia dentro de mi propia historia. Sin saber cuánto tiempo llevaba así, el cansancio de fingir que todo estaba bien me venció. Lentamente comencé a cuestionar aquellas promesas y juramentos de lealtad eterna. Comprendí que el amor no se mide por la intensidad del desgaste. El miedo que antes me impedía mover...

Gorriones de invierno.

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    Los últimos gorriones se han ido a buscar abrigo bajo cielos más claros.   Mientras se va posando el frío y el nuevo año está en ciernes, aún no me abandona el inevitable cuestionamiento sobre lo ganado y lo perdido en el último año.   Hay despedidas más dolorosas que otras.    Es probable que tendrán que pasar algunos años antes de que mi mente se llene con las anécdotas y los recuerdos felices acumulados durante una vida compartida.   Y pese a todo, continuamos con lo que nos queda por mucho que se desee detener el reloj, tomarse un respiro y soñar hasta el próximo sol. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

El cuarto ciclo.

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    La ciudad nos recibió con una mañana fría. No es raro que en esta época del año descienda la temperatura, pero el frío golpeaba el amanecer con severidad.   El trayecto del aeropuerto al hotel es de escasos minutos. Ni Fabio ni yo disfrazamos el cansancio, pero aún así conservamos el buen humor.   Si algo he aprendido en el último año, es que a pesar de los días que pueden parecer repetitivos ante la costumbre, la vida no es anodina.   Puede que mis días no son enteramente épicos o emocionantes y que tienden más hacia la practicidad, pero los sigo alimentando con curiosidad, asombro y anhelo. ¿Qué sería de mí si mis pensamientos no transitaran entre lo cotidiano, la esperanza y los sueños?   Aprendí que hay veces en que la muerte es el consuelo y la felicidad para quienes se consumen en el sufrimiento y el dolor que ya no pueden remediarse.   Detrás de las lágrimas quedan los recuerdos que solamente con el tiempo se convierten en pequeñas sonrisas....

Fuego.

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  Dicen que el mundo ya no terminará hundido en el agua, pero sí entre llamas.   ¿Qué haremos si el fuego que nos pertenece se extingue? ¿Será demasiado tarde?    ¿Seremos consumidos y volarán las cenizas dejando al descubierto nuestras cicatrices por todo aquello que hemos sido?   No. Yo sé que no será así.   Es con nuestro fuego que espero la llegada de una claridad tan absoluta que no dejará espacio para dudas.   Este fuego que existe es vida porque somos continuidad, evolución y supervivencia.   Ya no temo a quedar bajo una lluvia de cenizas porque hoy comprendo que siempre hay posibilidad de encontrar esperanza.   Hay noches que parecen no ceder, pero me doy cuenta de que por primera vez mis certezas no titubean. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

Contener.

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    Perteneces a esa parte en mi vida que ya no será.   Escucho el segundero mientras las manecillas marcan una hora incierta. Nunca se sabe qué tan largos son los minutos entre la tristeza y el insomnio.   Una vez más vuelvo a ti. ¿Te quedarás hasta después de que se vaya la noche o te irás cuando el cansancio me haga dormir?   Dime que eres el fantasma que me acompaña y que no vendrán los demonios hambrientos que grabaron tu nombre en piedra.   Por favor quédate un poco más y bailemos lento hasta que el arrullo me duerma.   Por favor quédate hasta que el mundo recupere su claridad.    Por favor quédate hasta que obtenga las respuestas que el cielo me niega.   ¿Me amarás desde tu silencio o todo lo que hemos sido se difuminará? Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

En el exilio.

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    Desde mi balcón observo que las copas de los árboles reclaman su espacio a través de la densidad de la neblina. Me gusta llenar mis pulmones con el aire frío mientras la mañana se va anunciando con la incipiente luz.    Confieso que espero ilusionada el momento en que los árboles comiencen a mudar sus hojas con el cambio de estación. Sé que es un error no anclarme al presente, pero el porvenir me ofrece el consuelo de la esperanza.   En este tiempo de silencio llegaron nuevas voces para acompañarme. Hemos compartido el pan y la mesa mientras las risas aparecen y la charla corre libre. Me gusta pensar que el exilio elegido me ha enseñado a mirarme más allá de los cambios obligados.    Hoy he decidido comenzar a dejar ir el luto con agradecimiento.   Hoy he roto el silencio dejando que el amor me atraviese.  Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

El alma que respira.

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    No vi un túnel de luz. No esperaban por mí aquellos amores que he perdido. No vi ancestros y ninguna divinidad tomó mi mano dándome la bienvenida.    Lo que experimenté fue una tibieza que me abrazaba de manera protectora. No había preocupaciones ni pensamientos más allá de esa sensación de paz que experimentaba.   Me invadió el deseo de no salir de ese estado pues quería permanecer inmersa en ese pequeño capullo que para mí era el universo entero.   Al regresar, junto a mi primera bocanada se quedó grabado ese momento de paz infinita que experimenté.    Cuando vuelven esos recuerdos también revive la incertidumbre de no saber si aquella experiencia fue solamente la creación de los impulsos eléctricos de mi cerebro frente a la pérdida de los sentidos.   Sigo sin saber sobre el misterio de la muerte y tampoco sé si existe el paraíso.   En estos meses he experimentado el duelo que deja una pérdida tan profunda como definitiva.  ...

Bajo la luz invernal.

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    La vida va despertando con la pálida luz de esta mañana de invierno. El frío se cierne sobre la piel mientras una ciudad hecha de nieve se aprecia por la ventana.   En medio del paisaje blanco busco el calor de mis deseos para mantenerme en el presente.   Creo en el equilibrio natural en el que la cosecha llega a su tiempo.    Con los años a cuestas vivo la aceptación y el perdón ante aquellos momentos en los que me castigué con severidad pensando  que pude reaccionar de forma distinta ante ciertas cosas en mi vida.   He descubierto que hay hilos invisibles que últimamente mueven mi existencia para enfrentarme a lo que me parece absurdo. ¿Cómo evitar ser arrastrada por las consecuencias de las decisiones que tomó alguien más?   Veo con mirada compasiva todo aquello que es inevitable en los días. La esperanza me sigue brindado balance y consuelo ante la incertidumbre del porvenir. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.  ...

El tercer ciclo.

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    Después de mañanas calurosas parece que el otoño se ha adelantado pues el frío reina a pesar de los rayos del sol que caen de lleno sobre la ciudad.   Hace tres años que comencé a contar un poco del silencio que encuentro en mis días y desde entonces he descubierto y aprendido más de lo que pude imaginar.   En estos años he puesto voz a historias y también he escondido alegrías y tristezas entre líneas. Supongo que esto es natural en mi vida pues entre lo que declaro y lo que mantengo oculto siempre hay algún momento de inspiración.     Hace tres años no buscaba más que sacar ideas anotadas en trozos de papel, pero con el tiempo logré despertar una parte de mi voz que habitaba tan profundo que era imperceptible.    Mi corazón que es un gorrión cambió de aires sin pretenderlo. Él aprendió a mostrar sus pasiones sin traicionarse en el proceso e intenta confiar en su camino.    Son tres años de extravíos y encuentros.   Con es...

La fragilidad de los recuerdos.

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  No es la primera vez que Fabio me ayuda a llenar espacios vacíos en mi memoria. Hay ciertos eventos en mi vida cuyas lagunas a veces son más profundas de lo que me parecen en un principio.   Los médicos dicen que hay ocasiones en las que la mente se protege de algunos recuerdos desarrollando una especie de memoria selectiva que puede confundir fechas o lugares.   Fabio siempre es muy paciente cuando le pregunto sobre hechos que me resultan extraños o un poco distintos conforme los voy recordando. Supongo que entre la niebla en la memoria y la percepción hay un punto en el que los recuerdos parecen piezas que no encajan.   Hay veces en las que no recuerdo con exactitud porque una pequeña parte de mí se quedó rezagada en un momento que hoy puede parecer tan ajeno como lejano.   Si algo he aprendido en estas semanas de silencio es que pese a la pérdida hay rompecabezas que funcionan aunque luzcan incompletos.    No me resigno aunque existan días en los ...

Efectos.

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     La noche avanza mientras espero la visita de los mil Oniros.   ¿Acaso será que los recuerdos han echado el cerrojo a esta habitación?   Hoy me he convertido en una oración que flota inconclusa y va sin dirección precisa.   El miedo insiste en sacudir mi confianza, pero la esperanza sonríe enfrentando el caos que me agobia en silencio.   ¿Cuál de todos los dioses no buscará mi devoción en esta noche sin respuestas?     Mis pensamientos se hilan entre la incertidumbre y el anhelo.   Desde este silencio te llamo y me aferro una vez más a la visión de esa tierra prometida.   Si el instinto no se equivoca, ¿cuál es el peso de sus consecuencias? Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

Arrullo.

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    Disfruto de la frescura de la noche que se cuela por la ventana. Los pequeños sonidos de las cigarras irrumpen el silencio hasta formar una melodía que parece eterna.   Las horas nocturnas se me van entre esa melodía que me arrulla y entre el anhelo por desaparecer el océano entre nosotros.     Pienso en todos esos sueños en los que te he visto.    Sigo navegando y respirando nuestras palabras que van más allá de los días y de nuestros cuerpos.   Las horas siguen corriendo sin que pueda evitarlo.   Deseo que por la mañana pueda recordar los lugares en los que esta noche hemos de estar sin tocarnos. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

Intervalos.

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    Hay veces en las que mi alma divaga. Yo la espero con la certeza de que cada acto tiene un efecto que resuena como un eco infinito en la existencia.   A mi alma le gusta pasear entre tiempos. Ella va del pasado al futuro, se mueve sin correas cuando se aburre de la rutina que parece existir en el presente.   Yo le advierto sobre los peligro de querer vivir en un tiempo que no le corresponde.    Mi alma a veces regresa envuelta en sueños que quiere alcanzar de forma tan inmediata que la frustración opaca a la espera.   Tomo y acuno mi alma para consolarla ante lo que no puede ser cambiado. Le hablo acerca de los pequeños pasos que permiten acercarse a lo que se anhela.   Respiro mi historia, inundo mi ser con lo que me han enseñado los años.    Esta alma mía se aferra a la esperanza y concibe sueños que desea habitar. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su resp...

Demora.

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      Los gorriones han vuelto, pero en algún lugar se ha quedado rezagado mi corazón.   Quizá lo único que sucede es que se está tomando su tiempo para encontrar su latido.   Volveré a anidar la prosa. Traeré luz a las ideas y a los sueños que solamente sé hilar con esperanza.   Cuando mi corazón regrese a su hogar lo hará fortalecido por los mil soles furiosos que han observado su camino. Él encontrará la ruta y volverá a dormir con el arrullo de las horas sin luz.    Mi corazón hecho gorrión cantará sin culpas ni remordimientos, comprenderá que no es malo dudar cuando los días se tornan confusos.   Todo cobrará sentido y no habrá más inquietud si se marchita la rosa antes de indicar la dirección de los vientos.   Mi corazón cantará con más fuerza al abandonar el desasosiego y abrazar la claridad. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados. Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.

Algo distinto.

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    Mi problema con los últimos días de cada año tiene que ver con el ineludible recuento de los meses.    Entre lo deseado, lo vivido y lo logrado a veces hay tanta distancia que parece imposible reconciliarse con lo que también se ha extraviado.   Quizá es que mi mente se llena de cierta melancolía.    El último encuentro del año se ha dado en la tranquilidad de una noche fresca con mesas al aire libre, compañía y risas. La conversación fue fluctuando entre bromas, anécdotas y preguntas inevitables ante lo que desconocemos sobre el futuro.    Mi solución fue el silencio cuando llegó la medianoche. Abracé fuerte a Eric hasta que el brindis terminó para dar paso nuevamente a la música. No soy de palabras elocuentes por lo que la cercanía de un abrazo siempre es una buena solución.   He notado que los ánimos se suavizan cuando se trata de despedir un año y recibir uno nuevo con ojos relucientes.   Quizá soy un poco cínica al dec...

Hogar.

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    Sé que mi ausencia ha sido prolongada. Debo confesar que a veces estoy inmersa en tantas cuestiones que pierdo la noción del tiempo. De alguna forma y a pesar de todo, no dejo de ser yo.   Decidí alejarme, abandonar las vidas que parecen perfectas bajo la luz azul y me he guardado toda clase momentos, desde los pequeños hasta los más ingratos.    A veces revelo tanto sobre mí que necesito intervalos de soledad para cultivar mis palabras.   En esta ausencia elegí como refugio un lugar rural. En la medida de lo posible me alejé de todo contacto virtual para apreciar lo cotidiano y notar lo extraordinario de una manera más vital.    He adquirido la costumbre de despertar al amanecer y tomar su promesa de un nuevo día. A lo largo de las horas tiendo a valorar mucho más la privacidad, escucho las ideas que surgen en el silencio y me enamoro del misticismo de las luces bajas al caer el sol.   Sé que ha llegado el momento de volver a casa y reen...

El segundo ciclo.

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  El cambio de estación se dará en pocos días y con ella llegará la reflexión sobre lo que va dejando la vida. En estos primeros dos años de viaje he soñado, amado, deseado e imaginado hasta el punto en que las palabras no bastan. No esperaba que las ideas y sentimientos que he guardado en este espacio llegarían más allá del lenguaje. En este día tan especial no queda más que agradecer, reflexionar y ver con asombro los lugares que he tocado con mis líneas. Son dos años de sorpresas y aprendizaje porque en este viaje he podido ser y estar con libertad. Mi deseo en este segundo ciclo es que mi corazón que es un gorrión siga cantando sin perder la esperanza. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Evidencias.

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    ¿Existe un límite para los sueños?    No poseo todo el conocimiento que me gustaría tener, pero he aprendido a dejar de pensar en el pasado. Si hoy recurro a él es porque traigo a la mente aquellos momentos de gozo que me han traído felicidad.   Me mantengo en movimiento, ya sea por andar propio o llevada por la marea cuando creo que he perdido el rumbo. Sea como sea, la realidad me obliga a aceptar las consecuencias de mis decisiones. No siempre he tomado las mejores, pero tampoco puedo decir que me han gobernado las peores.   Justo en medio de la realidad y su peso, encuentro algunos oasis de levedad en los que me permito soñar sin ataduras.   Sueño en presente y recurro al pasado para hallar pequeñas señales que son la evidencia de un propósito mayor. Sueño incluso en medio del caos más aleatorio.   Me permito soñar entre lo deseado y lo obtenido mientras pinto mis cielos en libertad. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Códigos y mapas.

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    Hemos encontrado el puente que atraviesa la brecha que separa nuestras vidas.   Existes sin estar y te escondo entre cada una de las líneas que escribo. Nuestros códigos y reglas están ocultos para los demás.    La adrenalina que siento al esperar en la puerta de llegadas no tiene comparación. Tampoco la tienen la primera mirada, la sonrisa incontrolable y ese primer acercamiento que me da la vida.   Juntos habitamos un sitio íntimo, creamos un paraíso que trazamos en un mapa hecho de sensaciones, compañía y respiración compartida.    El tiempo se convierte en un fragmento que se guardará en la memoria.   Confieso que me gusta la entrega, me apropio del lenguaje que hablamos en silencio y disfruto la ilusión de pertenencia.   Nos reservamos esta historia que ocultamos celosamente.   Habitamos el presente.   No hay signo o señal de lo que nos espera.    Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Sigilo.

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    Me desarma tu lucidez y el silencio contemplativo que me hace sentir en casa.   Me envuelve la certeza de que nuestra intimidad no radica solamente en la piel.   Existes más allá del momento, del pensamiento furtivo y de la acción cotidiana.   Habitas en la historia, en lo individual y lo compartido. Permaneces en el eco de cada anécdota y en las imágenes que son la evidencia de un momento.   Me quedo con tu nombre que pronuncio entre líneas y con la sonrisa que se asoma de forma discreta.   No necesito promesas ni la luz robada de mil soles. Cada día me alimento con el fragmento de la historia que nos refleja.     Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.