La taza azul.
El hombre de la barba gris se despertó temprano. La luz se filtraba por las sábanas de algodón y daba un tono frío a la habitación, a su piel, a la piel de ella. En el aire quedaba el olor del alcohol y de la cena que habían dejado a medias sobre la mesa de la cocina. La botella seguía abierta junto a dos copas, una de ellas con una marca de carmín en el borde. Ella dormía con el cabello oscuro esparcido sobre la almohada. Él intentó moverse sin hacer ruido, pero las articulaciones le crujieron en el silencio. Miró su cara. Las líneas alrededor de los ojos se habían hecho más profundas, pero al dormir todavía tenía aquella expresión tranquila que él recordaba de cuando eran jóvenes. Pensó en el río. En aquella mañana de hacía muchos años en que ella perdió un zapato al cruzar las piedras y él la sujetó del brazo para que no cayera. Ella se rio mientras intentaba recuperar el equilibrio, con el pantalón empapado hasta las rodillas. Él también. Después siguieron caminando. Durante ...