La peor idea del mundo.

 


Ella apoyó la espalda contra la pared y lo miró como si estuviera esperando una respuesta que ninguno de los dos se atrevía a formular.

—Todavía puedes irte.

Él se acercó apenas un poco.

—Tú también.

Ella sonrió.

—Entonces ninguno de los dos tiene intención de hacerlo.

La sonrisa de él desapareció cuando volvió a besarla.

Esta vez no hubo preguntas.

Más tarde, cuando la lluvia comenzó a golpear las ventanas, ella permaneció unos instantes en silencio, con la cabeza apoyada en su hombro.

—No pienso hablar de esto mañana.

—¿Por qué?

—Porque si lo hacemos, tendremos que admitir que fue una pésima idea.

Él soltó una risa.

—¿Y lo fue?

Ella levantó la cabeza y lo miró.

—Pregúntamelo mañana.


Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Imagen con finalidad ilustrativa, los derechos pertenecen a su respectivo autor.


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