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Sigilo.

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    Me desarma tu lucidez y el silencio contemplativo que me hace sentir en casa.   Me envuelve la certeza de que nuestra intimidad no radica solamente en la piel.   Existes más allá del momento, del pensamiento furtivo y de la acción cotidiana.   Habitas en la historia, en lo individual y lo compartido. Permaneces en el eco de cada anécdota y en las imágenes que son la evidencia de un momento.   Me quedo con tu nombre que pronuncio entre líneas y con la sonrisa que se asoma de forma discreta.   No necesito promesas ni la luz robada de mil soles. Cada día me alimento con el fragmento de la historia que nos refleja.     Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.  

Claridad.

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  Me gustan las historias sencillas, historias de una vida que se va construyendo entre días tranquilos e intensos, dependiendo del momento y de la naturaleza incontrolable de ciertos eventos.   En este universo tan incomprensible es poco realista el deseo de paz eterna. A pesar de saberlo, apago toda lógica e imagino lo que sería ganarle al tiempo.    No deseo inmortalidad o trascendencia absurda. Quiero tiempo para aprender y disfrutar de las cosas pequeñas. Quiero tiempo para saborear las maravillas que suelen ocurrir una o dos veces en la vida.   Me he asombrado y he recibido sorpresas agradables, he llorado de felicidad y también he derramado lágrimas de tristeza ante lo que no se puede evitar.   Llevo conmigo la experiencia de los días, pensamientos y vivencias que solamente la mala memoria desvanecerán.   Por primera vez en mucho tiempo he abandonado los pensamientos en espiral que me hablaban con insistencia acerca de la persona que fui y que y...

Habitar.

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    Hay una infinidad de ideas y sueños que me rondan, pero no he encontrado el momento para dar libertad a las palabras. Quizá es que me he dejado absorber un poco por lo cotidiano o sencillamente me distraigo con suma facilidad.    ¿Todo ha sido dicho? ¿Ya no hay sentimientos ni sensaciones sobre las que no se ha escrito antes?   Parece que en el sentido más profundo de algunas palabras, el camino de lo vivido les otorga un significado personal.   Pensando en todas aquellas palabras que aún no he dicho, nuevamente escribo sobre ti.   Deseo con humildad el favor del tiempo para dejar atrás lo que no necesito comprender y alcanzar juntos aquellas primaveras de flores de azahar y olivo.   Quiero apropiarme de las mañanas y noches de café recién hecho mientras encuentro en tu mirada las maravillas que has visto con asombro durante el paso de tus días.   Si es posible reescribir el guión de nuestras vidas, entonces pediría disfrutar infinitament...

Lo eterno.

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  Si tuviera que elegir una palabra para regalarle a Fabio, sería "eterno".   Dicen que no hay sentimientos ni sensaciones imperecederas pues todo en este mundo caduca y es absolutamente finito.   Quizá se diga todo eso porque la inmortalidad es tan temida como deseada, pero hoy no hablaré de lo curioso que me parece el decidirse a vivir hasta el momento en que se siente cerca la posibilidad de morir.   La última vez que vi luciérnagas fue en una madrugada de agosto. Aquella noche de verano había sido algo accidentada pues Fabio y yo extraviamos el camino hacia la pequeña casa que habíamos alquilado por unos días.   En aquel sitio, tan agreste como tranquilo, vimos encenderse poco a poco aquellas pequeñas luces que parecían titilar entre los árboles.   Siempre he pensado que las luciérnagas son estrellas terrestres. Ellas son algo tan misterioso y tan vivo que cualquier explicación científica sobre la manera en que producen su luz me parece poco satisfactor...

Lucidez.

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    El alba y el atardecer construyen un puente que une dos vidas, ambas tan misteriosas como vibrantes.   Transito por ambas, yendo entre lo cotidiano que ocurre bajo el sol y la paz que otorga el silencio mientras llegan pensamientos vacuos, de espera, de esperanza o de fe.   Me reconcilio poco a poco con el tiempo, con las calles y las luces, con la gente que en esta misma ciudad va inmersa en un océano de ideas y sentimientos.   Me consuela la respiración frente al ansia y me maravillan aquellas pequeñas cosas que pueden parecer ordinarias.   Es el sol, es el cielo, son las estrellas tímidas que alcanzo a ver tras la ventana.   Es la naturaleza urbana, su fauna y las aves cuyos cantos llegan cuando va aclarando el alba.   Consuelo a mi ser encontrando un espacio lejos de aquello que nubla mi mente.   Encuentro la pausa para escribir, soñar e imaginar.  Elijo las palabras para dibujar en actos aquello que anhelo alcanzar.   Respi...

Deuda.

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    Las hojas absorben la tinta de las cartas que esperan a ser enviadas.   En medio de las horas y en los kilómetros que nos separan, encuentro consuelo imaginando tu andar diario. Te veo absorto en textos que cuentan historias que nos son ajenas.   Te tengo presente, Fabio. Tú también vives en mis palabras.   Nos esperan los paseos con el aroma de las flores de naranjo en primavera.   Aguardo por aquellas tardes que se convertirán en noches. Beberemos juntos el café de la mañana.    Nos debemos la pasión, la sincronía y lo cotidiano que nos traerán los días.   En todo esto pienso, Fabio. ¿Ahora me crees cuando digo que deseo tu regreso? Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Nudos.

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  Sigo buscando coincidencias, lenguajes ocultos entre líneas y una justificación que una hechos aislados.   Esto es lo malo de contemplar por mucho tiempo lo ocurrido en el pasado.   Me niego a reconocer que gran parte de la vida se resume en lo abstracto y, en el sentido más secreto, las ideas y sentimientos no siempre saltan a la realidad ni pueden ser demostrados en la materia.   Me pierdo entre conceptos y dialéctica sin saber si me encuentro en manos del destino.    Quizá estoy en un punto en medio de la suerte o del infortunio, intentando encontrar un poco de lógica frente a la incertidumbre que pretende tornarse en miedo.    Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.