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Sueños y soñadores.

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    Siento que hilos invisibles toman el control de mi existencia y soy un juguete que pierde su albedrío en medio del sopor.   Mis pensamientos corren libres entre ideas sobre el destino y la coincidencia.   Me lleno de ilusiones y al final no tengo más remedio que anclar mis sueños con realidad.   Sueños y soñadores se alimentan entre sí sabiendo que uno no podría vivir sin el otro.   Sueños y soñadores coexistimos hasta perdernos en la unidad.    Mi corazón casi siempre olvida la brújula cuando navega entre lo onírico. Él vive, revive e imagina todo lo que solamente es magia. Él piensa, planea y realiza con pasión todo lo que tiene a la mano para que lo deseado no se quede en ensoñación.    Hoy sé que el corazón debe correr riesgos, pasar por caminos inciertos hasta comprender que hay cosas que no serán realidad a pesar del desvelo. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

La belleza de lo cotidiano.

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    El sol es frío en invierno. Quiero permanecer un poco más en la tibieza, alargar el momento antes de echar a un lado las sábanas para levantarme y buscar un suéter que evite que tiemble de frío.   Preparo café y lo bebo mientras paso algunos minutos entre lo vivido, lo soñado y lo deseado.   He creado un pequeño huerto en el jardín que riego antes de salir a correr con Matilda. He plantado tomates, lechugas y coles que han comenzado a echar brotes.   Matilda siempre mueve frenéticamente la cola cuando tomo la correa y la sujeto a su collar.   Prefiero los paseos matutinos a los nocturnos pues me gusta salir cuando la mayoría de las personas aún están en casa.   Al volver quito las hojas de la entrada, limpio las gotas de agua cuando termino la ducha y después aprovecho el sol para lavar ropa.   He hecho cosas nuevas los últimos meses. He tomado clases de baile en línea, aprendí a hornear tartas y sobre la mesa de noche me esperan libros por le...

Reformular.

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    Las ideas que llegan, anhelando o añorando, intentan distraerme para atraparme entre el pasado y el porvenir.   Voy aprendiendo que la vida se alimenta constantemente de momentos que van unidos como cuentas de colores que en conjunto dibujan todo tipo de patrones.   Aquel hilo que sujeta las cuentas puede volver sobre sí mismo, construyendo y deconstruyendo la certeza o incertidumbre de un momento.   El tiempo aconseja a mi corazón y unge con aceites aromáticos y bálsamo a este gorrión para que descanse y se conforten sus heridas.   Mis cicatrices me hacen pensar que el dolor pasado, que me parecía profundo e infinito, no hizo más que mostrarme nuevos caminos.    He comprendido que más allá de los momentos de angustia y pena que he vivido, lo que me hizo daño fue la manera en la que reaccioné a ellos.   Repasar e interpretar lo vivido puede mostrar distintas aristas dependiendo del momento en el que se vuelve a ello.   A veces pienso...

Equilibrio.

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    Lloré desconsolada por un gorrión que vi esconderse entre las ramas del limonero en medio de la oscuridad.    La presencia del gorrión era habitual desde días antes, él se alimentaba en el jardín junto a otras aves silvestres. Por lo maltratado de su plumaje era fácil adivinar que estaba en el invierno de su vida. Su vuelo era bajo, pausado y se tomaba su tiempo elijiendo las mejores semillas.   En un par de ocasiones intenté poner al gorrión en resguardo. No era la primera vez que aves de avanzada edad venían al jardín usando sus últimas fuerzas para alimentarse. A ellas las tomaba entre mis manos para luego resguardarlas en casa. Mi intención con esas aves siempre ha sido acogerlas para que en sus últimas horas o días estén en un lugar cálido, con agua y alimento a su disposición.   No sé si hago bien o me equivoco con ese gesto, no sé si la Madre Naturaleza ve este acto como una intromisión a sus designios.   Fue hasta bien avanzada la noche que...

Sosiego.

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    Escucho el murmullo del agua y el rumor del viento.   Más allá, distingo la conversación de las aves que se equilibran entre las ramas. Algunas alzan su canto por encima de las copas mientras otras emprenden el vuelo buscando refugio antes de que la niebla caiga y lo inunde todo.   Es fácil perder el sentido del tiempo cuando los relojes se convierten en objetos inútiles.   El frío va rodeando mi cuerpo en un abrazo que aprisiona. Me pregunto si la humedad que percibo en mi rostro es el rastro de partículas de agua condensadas sobre mi piel, o son lágrimas que van cayendo en silencio.   Mi cuerpo será alimento: se desintegrará hasta los huesos y de él crecerán plantas, hongos, musgo y flores.    La muerte, de nuevo, da paso a otra vida.   Los últimos latidos llegan y los pensamientos se van adormeciendo. No me resisto a lo que vendrá.   Así, en la quietud y la oscuridad, de pronto todo cobra sentido. Texto: Kena Rosas. ©Todos los der...

Posibilidades.

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  Hay quienes dicen que el café y la literatura van de la mano, yo diría que el café y los libros son maravillosos sin importar si van juntos o por separado.   He elegido una pequeña mesa de la terraza cuya vista da directo a la fuente principal del parque. Me gustan los jardines y parques, ellos son de los pocos espacios públicos que dan un respiro a la ciudad y son refugio de todo tipo de personajes.     Las librerías con cafetería también son sitios que vibran entre el silencio y las charlas discretas.    Me despojo de los guantes y pongo el móvil en silencio. Poco después, Fran camina hacia la mesa y toma asiento frente a mí. Tiene la barba bien cuidada y lleva un suéter de lana gris con cuello alto que bien podría pertenecer a cualquier época por ser de corte clásico.   Me gusta que Fran mira directamente cuando habla. Las arrugas de sus ojos me parecen más profundas, signo inequívoco de lo mucho que le gusta sonreír.   Tenemos una peque...

Espera.

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    La noche más larga del año ha dado paso a la luz del primer día de invierno.   Nunca he llegado tarde a mi cita con el solsticio, pero es el primer año en el que Fabio no se encuentra aquí.   Su ausencia me parece tan profunda que a veces pienso que él solamente ha sido un desvarío de mi mente intrincada.   Ahora que en este inicio de invierno no está, sueño con los días que transcurrían felices. Días de pasear, hablar mucho, sentarnos para disfrutar de la naturaleza, días de besos sorpresivos. Pienso en esos días cuando regresábamos a casa y nos servíamos una taza de té que dejábamos a medias pues terminábamos en el dormitorio con la ropa esparcida por la pieza y las sábanas revueltas.   Imagino ahora mismo que Fabio está junto a mí en este día que comienza. Tomamos la primera taza de café de la mañana. Desayunamos juntos mientras me cuenta lo entusiasmado que está preparando la nueva investigación que tiene ente manos. Yo lo escucho y disfruto de esa ...