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Ironía.

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    Soy mala para ocultar el amor... pero soy maravillosa para disfrazar el sufrimiento. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Cosme, El Espacial.

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  El tercer lunes de enero no fue triste pero sí fue el día más frío de lo que llevábamos de invierno.   Conocí a Diego en la situación más inesperada que yo me podía imaginar: atrapados en un ascensor entre los pisos 32 y 33 de una torre de oficinas.   Yo conocía vagamente el trabajo de Diego. Sabía que tenía un alias bastante llamativo como infantil: “Cosme, El Espacial”. Con ese personaje había creado todo un performance donde, al ritmo de beats repetitivos, lograba que la audiencia se sumergiera en una atmósfera muy particular. Según las personas que asistían a sus presentaciones, la experiencia era como flotar entre la oscuridad del universo.   Cosme era, para mí, un personaje al que no tomaba en serio. Me hacía gracia su traje de astronauta que parecía un disfraz de Halloween. La tela lucía como aluminio desgastado y en su pecho llevaba una placa con su nombre en letras grandes y un par de planetas de cada lado. Era divertido ver a un hombre vestido de niño. Qu...

Pequeñas melancolías.

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    "Te extraño". Tu mensaje llega a destiempo esta madrugada.   Ya no me sorprende que elijas lo que queda de lluvia y el amparo de la oscuridad para escribir todo aquello que, en otras circunstancias, se quedaría sin confesar.    Hago una pausa, respiro profundo antes de enfrentarme al resto de tu mensaje.   Mi universo ha cambiado tanto que ya no recuerdo los días siguientes a tu despedida.    Desde entonces, desde el silencio y los días revueltos, te extravié entre pensamientos del pasado y vivencias presentes.    La historia que tenemos en común está empañada por el paso del tiempo.   Esta noche me tienes atrapada entre el recuerdo y tus fantasmas.    Conservas la mala costumbre de amar tanto tu oscuridad que es impensable que te dejes inundar por la tibia luz del sol que pronto nacerá. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Solsticio.

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    Es un día especial.   Oliver se levantó más temprano de lo normal. Dormí unos veinte minutos sin haberme percatado que él había abandonado nuestra cama.   El olor a café me despertó. Descendí las escaleras aún adormilada y llevando a Póllux entre mis brazos. Ella, como siempre, movía frenéticamente la cola esperando ser  puesta en el piso para correr directo a la cocina.   Oliver y yo hemos creado un ritual que repetimos cada año en esta fecha: Él y yo nos levantamos temprano para disfrutar el primer amanecer invernal.   Cada pareja va construyendo sus propias rutinas, costumbres y rituales, es parte natural de la convivencia.   Nuestra "celebración de solsticio", en realidad, comienza un día antes de la llegada del invierno. Oliver y yo vemos el último atardecer de otoño y dormimos temprano para despertar mucho antes del amanecer del día 21.   En el primer día de invierno preparamos una cena especial que coronamos con una tarta de frutos...

Preguntas frívolas de una mujer enamorada.

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    ¿Cómo evitar el olvido?   ¿Cómo saber si mi alma se quedará atrapada en tu memoria cuando yo muera?   ¿O seré, acaso, una sombra difusa que recorra silenciosamente las habitaciones de nuestra casa?   ¿Sentirás que beso tus labios un instante antes de que te quedes dormido?   ¿Permaneceré inmóvil, petrificada, dentro de tus sueños?   ¿Se apagará mi voz y se borrán mis palabras cuando me haya ido?   Preguntas y miles de dudas ante la pérdida.    Esta noche no soy más que un lugar común sin respuestas. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Deseo.

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  Cierra los ojos y encuéntrame bajo la sombra de los sicómoros. Observa la manera en la que aparezco, caminando desde la distancia hasta detenerme frente a ti.    Llévame de la mano a la casa de cimientos fuertes que hemos levantado.    Yo, bajo este lado del cielo, también cierro mis ojos pensando en ti.    Soñaré con esa casa y sus habitaciones. Me quedaré dormida imaginando que me arropas en tus brazos para que no sienta frío.   Deseo tus manos, saborear tus besos, recorrer tu cuerpo y disfrutar tu piel.   Por favor, graba en tu mente este instante por si algún día me vuelvo solamente un recuerdo. Texto: Kena Rosas. ©Todos los derechos reservados.

Resoluciones.

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    Antes de que mi corazón se convirtiera en gorrión, me volví una "mujer de palabra".   De niña lloraba incontrolablemente cuando sabía que vería al pediatra. La razón no estaba clara para el médico, para mis padres o para mí. No sabíamos el motivo de mi llanto.   Un día, quizá cansada, dije a mi madre que no volvería a llorar al ir con el pediatra. Después de tal decisión, en la siguiente cita médica, todos notaron la ausencia de llanto.   Así, después de haber derramado mil lágrimas, dejé el llanto atrás.   Mi pediatra declaró que yo sería una "mujer de palabra" refiriéndose a que no faltaría a mis promesas. Claro que nadie sabía en ese entonces que tal observación se haría realidad y se convertiría en uno de los pilares de mi existencia: no prometo lo que no estoy dispuesta a cumplir.   Mi problema con las promesas es tender a ser permisiva con las personas que amo... aunque también es verdad que cuando mi paciencia se agota, todo se va esfumando ...